¿Quién quiere ser líder?
Aunque a primera vista pueda parecer una pregunta obvia, ser líder hoy es una ardua tarea dentro (y por supuesto fuera) de las organizaciones.
Podemos preguntarnos cuál es la función primordial de un líder, y la respuesta podría ser esta: marcar el camino a seguir y ayudar al resto a seguirlo. Sin embargo, en una sociedad como la nuestra, podemos intuir que no es tarea fácil “comandar la nave”, y mucho menos en tiempos como los actuales,de cambio e incertidumbre, dentro y fuera del ámbito ampresarial. Entonces, ¿qué cualidades debe tener un líder?, ¿el líder nace o se hace?.
Algunos de los rasgos que deben definir a un líder son:
- Visión: tiene una idea clara de lo que quiere, tanto profesional como personalmente.
- Motivador: en palabras de Colin Powell: “Se ha alcanzado la excelencia como líder cuando la gente lo sigue a uno a todas partes, aunque sólo sea por curiosidad.”
- Honestidad e integridad: facilitarán sus relaciones interpersonales y le harán ganarse la confianza del resto.
- Capacidad intelectual y autoconfianza: debe poseer los conocimientos adecuados para interpretar la información relevante y establecer las acciones a seguir.
- Flexibilidad: para adaptarse a sus “seguidores” y a los requisitos de cada situación.
- Poseedor de carisma: debe gozar de prestigio entre sus colaboradores.
Pero, si somos un común mortal, y no reunimos todos estos requisitos, no debemos caer en la resignación. Este talento para el liderazgo se puede aprender. ¿Cómo podemos conseguirlo? Pues buscando dentro de cada uno de nosostros ese líder que está “escondido”, y esas habilidades que debemos cultivar.
Aquí podemos introducir el término inteligencia emocional, entendida como la capacidad para captar las emociones de un grupo y conducirlas hacia un resultado positivo. De esta manera, personas que no son “brillantes” son reconocidas como líderes con una gran capacidad de mando. Los componentes de la inteligencia emocional son cinco: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales. En definitiva, se trata de manejar nuestras emociones de una forma correcta, de tal manera que podemos adaptarnos a las situaciones cambiantes en nuestro entorno, y mejorar nuestras relaciones con las personas que nos rodean. Si nos interesa el tema, podemos conocer nuestro coeficiente emocional, con un rápido test de 10 preguntas.
Para acabar, dos ejemplos de liderazgo emocional: Sam Walton, fundador de la cadena Wal-Mart, se personaba frecuentemente en sus negocios para hablar con sus empleados, alentándoles, a menudo a través de un micrófono, a enorgullecerse de la valía de su trabajo. Además, se desplazaba en una vieja camioneta, y se presentaba con ropa poco vistosa. Consiguió que para los empleados de su cadena fuera simplemente “Sam”. Otro buen ejemplo lo constituye Bill Marriott, presidente de la multimillonaria empresa Marriott Corp. Se pasea por las cocinas de sus hoteles, saludando y escuchando a sus empleados. La máxima que quiere transmitir a sus gerentes está clara: ‘Cuiden a los empleados, y ellos cuidarán a los clientes’.
En definitiva, y como dice un proverbio Zen que bien podemos aplicar a los líderes de hoy y a los que lo serán en el futuro: “Siéntate, camina o corre, pero no vaciles.”




